Los niños están muy exigentes. Satisfacer las expectativas de una generación que todo lo que toca, escucha, ve y juega proviene de la tecnología no es tarea fácil. Acostumbrados a apretar botones, a navegar en el mundo de las imágenes electrónicas y expresarse más allá de las palabras, los niños y jóvenes no aceptan en la escuela los conceptos antiguos de enseñanza. El aula tradicional, el pizarrón y la tiza, en nada motivan a los estudiantes de las nuevas generaciones, que son críticos y participativos, quieren clases dinámicas, con temas actuales, en que puedan expresarse y dar su opinión. Ante este escenario no debemos desesperar y tomar decisiones precipitadas de comprar tecnología, tenemos que recordar que el proceso pedagógico viene antes que la tecnología, pero también es fundamental que el proceso de aprendizaje use las mismas estrategias de comunicación que el cotidiano de los alumnos. Así, acostumbrados a transitar por ambientes digitales, permanentemente conectados, ellos ven el mundo en fragmentos, de imágenes y textos, que se conectan el forma no lineal. La tecnología no aumenta la productividad de los docentes, pero estimula el compromiso, la creatividad y el espíritu crítico, factores fundamentales para un buen desempeño en la clase. Usar la web 2.0 permite llegar a los alumnos que ya son usuarios de esas tecnologías y educarnos con ellos fuera de las aulas de clase. La educación es horizontal, creativa e innovadora.